NEWS

GALLERY

YOUR COMMENTS

CONTACT

YOU MADE ME (TERRORIST)

   

MUCHA CARA ESPAÑOLES ES MI ÚLTIMA PALABRA EN EL JUZGADO


27 AÑOS DE MI VIDA SACRIFICADOS POR LOS ESPAÑOLES PARA AFRONTAR LA CORRUPCIÓN Y LA MAFIA DE LA POLICIA EN COSTA DEL SOL.


EN ESPAÑA, 27 AÑOS DESPUÉS, CUANDO EL ESCANDALO Y LA VICTIMA POR SU JUSTICIA CORRUPTA, YO SAMIR AL YATIM, UN HOMBRE DE DIGNIDAD Y MUERO POR SU DIGNIDAD.

 


Como consecuencia de las informaciones aparecidas en Interviu (números 536 y 537), la policía de Málaga ha abierto una investigación en torno a José Luis Pavesio Fernández, subcomisario de Torremolinos, a quien diferentes fuentes entrevistadas señalaban como el “jefe de una mafia policial que trafica con drogas”. Según ha podido saber este semanario de fuentes policiales oficiosas, José Luis Pavesio, de cuarenta y cuatro años, con número de registro personal 7209, veintidós años en el servicio y con categoría de subcomisario desde el mes de agosto de 1980, ha sido “apartado del servicio” aunque no ha sido suspendido de empleo y sueldo.


Cuando finalice dicha investigación, las autoridades policiales decidirán la posibilidad de abrir o no un expediente a dicho funcionario. Ni la comisaría de Torremolinos ni la de Málaga quisieron hacer comentario oficial alguno a este semanario en torno a las declaraciones aparecidas recientemente en estas páginas. Este silencio oficial ha sido compartido por la Dirección General de Policía y el Ministerio de Interior.

 


El Desencadenante


Las informaciones sobre supuestas implicaciones de miembros de las Fuerzas del Orden de la Costa del Sol en el tráfico de drogas –reconocida por las autoridades al aplicar sanciones- a principios de este verano daban un giro radical a partir de la declaraciones de un miembro de la Policía Nacional, Manuel Herrera Pacheco, quien desde la cárcel de Málaga –acusado por tráfico de drogas y robo- revelaba a Interviu la “existencia de una mafia policial encabezada por el subcomisario de Torremolinos, José Luis Pavesio, cuya finalidad era la de capturar alijos y venderlos ellos mismos”. Según Herrera Pacheco, este grupo de policías y guardias civiles actuaba a partir de “chivatazos”, haciendo huir a los transportadores de la drogas para quedarse ellos mismos con la mercancía. El propio Herrera afirma haber participado en cuatro ocasiones diferentes, es los meses de septiembre, octubre y noviembre de 1985. Herrera, destinado en una unidad antidisturbios en el País Vasco, habría sido reclutado –siempre según sus declaraciones- por el capitán Ruiz Ruiz, a quien le habría presentado al subcomisario Pavesio.

 

José Luis Pavesio, declara Herrera, le propuso entrar a formar parte de este grupo junto con el subcomisario de Fuengirola, Teófilo Martín, de quien también es amigo, y al menos tres policías nacionales y dos guardias civiles de la zona. El policía detenido afirma haber transportado varios alijos al chalet del capitán Ruiz y a otra vivienda en las afueras de Fuengirola. La desaparición de un alijo de hachís del chalet del capitán de la Guardia Civil habría sido el desencadenante de diferencias dentro del grupo, donde el subcomisario Pavesio acusaba a Herrera, por lo cual, siempre según el detenido, éste decide quitarle de en medio tendiéndole “una encerrona” para que acabara en la cárcel.

 

Otras personas consultadas por Interviu centraban sus acusaciones en la misma dirección. El súbdito británico Bernard Reagan, detenido en la redada junto a José Brugos, declaraba a este semanario que el kilo de cocaína encontrado en su casa por la policía había sido depositado allí por Burgos y provenía de la propia Guardia Civil. De hecho, afirma Reagan, “cuando vinieron por la mercancía pensaba que era para llevársela ellos. No estaba escondida. Estaba encima de la silla. Yo sabía que la Guardia Civil se la había dado a José Burgos. Sin embargo, vinieron y me detuvieron a mí por posesión”.

 

Por otra parte, un ciudadano libanés –aunque su situación legal es la de apátrida-, Samir Al-Yatim, declaraba a Interviu conocer la actuación de esta supuesta banda desde hacía casi dos años. Al-Yatim poseía un chalet en la urbanización Marbesa, junto al del capitán de la Guardia Civil Luis Ruiz Ruiz, y afirma “haber denunciado estos hechos al subcomisario de Torremolinos Pavesio en la primavera de 1985”. José Luis Pavesio, según el libanés, le habría contestado que ya sabía lo que ocurría en dicho chalet; sin embargo, pocos días después, era Al-Yatim el detenido por la policía tras ser acusado por un marroquí, hallado con doscientos kilos de hachís, y declarar éste que el destinatario era el libanés. Al-Yatim habría denunciado al juez –según documentos que obran en poder de Interviu- la existencia de una supuesta banda de traficantes hace más de un año, aunque nadie pareció tomar cartas en el asunto.

 

Samir Al-Yatimiba aún más lejos en sus acusaciones. En las declaraciones a dos reporteros de Interviu afirmaba que miembros de la Guardia Civil, entre ellos un tal Mateos, habrían pedido a su esposa dinero o drogas a cambio de la libertad del libanés mientras estaba en la cárcel. Asimismo afirma haber recibido ofertas de ese mismo guardia civil para “presentarme a un piloto colombiano y hacer tráfico de drogas”. Añade además que “este grupo de traficantes colabora con una mafia libanesa existente en Marbella” y señalaba como enlace al súbdito libanés Toni Kairoze, a quien habría visto en numerosas ocasiones entrar y salir del chalet del capitán de la Guardia Civil. La propia investigación judicial afirma que dicho chalet en la urbanización Marbesa fue utilizado por un grupo de libaneses durante un tiempo no determinado.

 

                                                                                                              

Samir Al-Yatim, que aparece junto a su esposa, ha manifestado que existe una relación entre “la mafia policial y una especie de mafia libanesa en la Costa del Sol”

 

Irregularidades policiales

 

Las acusaciones vertidas por el policía Manuel Herrera Pacheco y por el libanés Samir Al-Yatim, entre otros, en torno a esa supuesta “mafia policial” empezarían a salir a la luz pública a raíz de la detención la mañana del 20 de junio en las afueras de Marbella de José Burgos Martínez, tras una amplia investigación de la Policía de Málaga.

 

Miembros del Servicio de Vigilancia Aduanera del Ministerio de Hacienda y funcionarios de la Brigada Provincial de Policía de Málaga (adscritos al grupo de Delincuencia Internacional) culminaban una operación contra una red de supuestos traficantes integrada por dos españoles, dos británicos y seis marroquíes, que eran detenidos y puestos a disposición judicial. Habían sido atrapados con las “manos en la masa” al desembarcar un alijo de seiscientos kilos de hachís procedente de la costa marroquí.

 

Según el informe policial, al que ha tenido acceso Interviu, esta supuesta red tenía “dos frentes de actuación: uno dedicado a la introducción de hachís desde Marruecos y por vía marítima, utilizando las playas de la Costa del Sol y su posterior salida a diferentes puntos de Europa, especialmente Francia y Holanda, y un segundo dedicado a la introducción y distribución en España de la cocaína”.

 

Lo que inicialmente parecía una brillante operación policial por parte de funcionarios de Málaga se convirtió sin embargo en la punta de un iceberg. Nada más ser detenidos, José Burgos Martínez declaraba haber sido colaborador habitual de la Policía y Guardia Civil en la lucha contra la droga y que sus actuaciones en este terreno iban destinadas a ayudar a las Fuerzas del Orden. Asimismo, señalaba el detenido, por su “trabajo” recibía un veinte por ciento de los alijos que él vendía por su cuenta –así como otro tipo de recompensas consistentes en Documentos de Identidad falsos, licencias de armas y munición.

 

Como “prueba” de sus afirmaciones, José Burgos indica que el chalet donde se almacenaba la droga –en la urbanización Marbesa, junto a la playa- pertenece a un miembro de la Guardia Civil, el capitán Ruiz Ruiz, quien además, siempre según Burgos conocía la situación. Por si todo esto fuera poco, un subcomisario de Fuengirola, Teófilo Martín Cañete, pagaba días después en nombre propio la fianza impuesta a dos de los detenidos en la operación. La marroquí Hafida asddomi esposa de José Burgos, y el ciudadano español José Hernández Castro salían en libertad provisional tras ser abonadas quinientas mil y cien mil pesetas respectivamente por el subcomisario. José Hernández Castro, manifestó a la policía que el subcomisario Martín Cañete, amigo de José Burgos, estaba al corriente de las operaciones.

 

El capitán de la Guardia Civil Luis Ruiz Ruiz era sancionado con treinta días de arresto en su domicilio y pasaba a “disponible forzoso” por estas irregularidades. Por su parte, el subcomisario Teófilo Martín era suspendido de empleo y sueldo, situación en la que pertenece, y se le abría un expediente por pagar las fianzas a los detenidos.

 

Declaraciones sumariales

 

José Burgos Fernández, nacido en Tabernas (Almería), casado, con dos hijos, ha sido el causante inicial con sus declaraciones a la Policía, tras ser detenido, de que salieran a la luz pública presuntas irregularidades de los miembros del orden en la Costa del Sol.

 

En la actualidad se encuentra detenido en la prisión de Granda, donde fue trasladado por temor a represalias contra su vida. A continuación recogemos algunas de dichas revelaciones, según constan en el sumario que José Burgos declaró a la Policía tras ser detenido:

 

“Que con motivo de los trabajos que ocasionalmente ha venido desarrollando para individuos pertenecientes a la Guardia Civil, principalmente adscritos a la Zona de Sevilla, ha tenido contacto con unos individuos marroquíes a los que les propuso efectuar un “pase” de hachís a la Costa (…) Preguntado por unas bolsitas de cocaína encontradas en su poder, dice que proceden de un total de un kilogramo y medio de cocaína, con que fue pagado por la Guardia Civil de Sevilla, en un servicio efectuado en Sevilla donde se cogieron diecisiete kilogramos de cocaína a unos colombianos, y en el cual el dicente había entrado de comprador, en tres ocasiones anteriores a la realización del servicio. Que el resto hasta un kilogramo y medio lo ha vendido (…)”

 

“Preguntado sobre el arma que le fue intervenida y la cantidad de munición de diversos calibres encontrados en su domicilio dice que el arma tiene autorización para su tenencia, facilitada por la Guardia Civil, alguna la ha comprado en la Armería Zulaica de Málaga y otras le fueron regaladas por distintos individuos de distintos puestos y zonas de la Guardia Civil con los que ha trabajado. Preguntado si en los servicios que alude ha sido como comprador de estupefacientes, dice que sí, que va como comprador hospedándose en hoteles que paga su propio bolsillo hasta que sale el servicio, en que recibe un veinte por ciento aproximado de la mercancía intervenida. Preguntado por el destino que da a la mercancía así obtenida dice que generalmente la vende y el producto que saca es para poder seguir trabajando y para costear sus gastos de comidas y viajes.”

 

“Que recientemente, hace unos ocho o diez días, fueron solicitados sus servicios por funcionarios de la Comisaría de Policía de Torremolinos al objeto de entrar de compra a un conocido traficante que vive en Málaga. Que las quinientas mil pesetas que le fueron intervenidas en el momento de su detención son de su propiedad y proceden de un reintegro efectuado en el Banco de Jerez, para efectuar una compra de estupefacientes de acuerdo con un Servicio montado con Inspectores de Policía de Torremolinos, no llevándose a cabo el servicio por lo que ingresó parte del reintegro quedándose con esta cantidad para sus gastos”.

 

“Que el chalet donde se almacenó la mercancía fue alquilado hace unos meses por él a un capitán de la Guardia Civil destinado en Tarifa y al que conoce por haber hecho trabajos con él”.

 

AL-YATIM, INTERROGADO

 

El pasado miércoles 10 de septiembre Samir Al-Yatim fue detenido por la policía mientras paseaba por las calles de Marbella con su esposa e hija.

 

Horas más tarde era interrogado en la comisaría de Marbella por varios Funcionarios con un ejemplar de Interviu en la mano donde se recogían sus declaraciones en torno a la supuesta “mafia policial” en la Costa del Sol y las presuntas implicaciones de diversos libaneses adinerados.

 

Según la esposa de Al-Yatim, Caterine, súbdita británica, la detención tuvo lugar veinte minutos después de que ambos hubieran presenciado una pelea callejera. La policía, siempre según la versión de Caterine ofrecida a este semanario, “aprovechó esa circunstancia para detenerle y después interrogarle sobre sus declaraciones a Interviu.

 

Durante su estancia en comisaría, Al-Yatim reconoció a algunos de los funcionarios de la policía, “amigos del subcomisario de Torremolinos José Luis Pavesio”, según dijo más tarde. “Lo extraño”, explicó el libanés a este semanario, “fue que al detenerme me confiscaron mil quinientos dólares y al entregármelos al día siguiente habían añadido un fajo de cien dólares con billetes falsos que reconocí inmediatamente.” Temiendo que se tratara de una trampa, Samir Al-Yatim comunicó de inmediato la situación a la Policía quien, según él, se disculpó por el error.

 

A la hora de cerrar esta edición, Al-Yatim había sido requerido de nuevo en comisaría para declarar y los esfuerzos por intentar hablar con el comisario de Marbella por parte de Interviu fueron infructuosos ante reiteradas negativas a atender nuestra solicitud telefónica.

 

E. Y.

MAFIA LIBANESA

 

 

Posteriores investigaciones realizadas por el Grupo ZETA han dado como resultado que el súbdito libanés Ahdul Rahman Khduja –en la fotografía- no tiene ninguna relación con la mafia libanesa de la Costa del Sol, en la que le implicaban las declaraciones de su compatriota Samir Al-Yatim. También ha desmentido su conexión con dicha mafia, el propietario del restaurante Antonio, de Marbella, Jimmy Bohsani.

 

2

 

“Una mafia libanesa actúa en Marbella con ayuda de policías implicados en tráfico de droga”, afirma el libanés Samir Al Yatim a “Interviu” tras pasar quince meses en prisión en lo que él califica de “una encerrona porque sabía demasiado”. Coincide en sus acusaciones con las realizadas desde la cárcel por el policía Manuel Herrera Pacheco, publicadas la semana pasada en estas páginas, en las que acusaba al subcomisario Pavecio de Torremolinos de “pertenecer a una mafia policial que trafica con drogas”.

 

 

Los protagonistas de la historia

 

Subcomisario Pavesio

 

De la Comisaría de Torremolinos, acusado por el policía Manuel Herrera Pacheco y por el libanés Al Yatim de ser el responsable de “una mafia policial que trafica con drogas”.

 

Samir Al Yatim

 

Apátrida legalmente, de origen libanés, ha permanecido quince meses en prisión por, según sus declaraciones, “saber demasiado de la mafia policial corrupta de la Costa del Sol”.

 

Manuel Herrera Pacheco

 

Miembro de la Policía Nacional, en prisión acusado de robo y tráfico de drogas, acusó la semana pasada al subcomisario Pavecio de “ser el jefe de una mafia, a la que yo pertenecí, que trafica con drogas”.

 

Jimmy Bohsani

 

Libanés, vive en España desde hace cuatro años, dueño del restaurante “Antonio”. Al Yatim afirma que está “protegido por Pavecio y no puede justificar su vida millonaria sólo con el restaurante”.

 

Abderrahman Khouja

 

Más conocido como “Habibi”, libanés, es acusado por Al Yatim de ser un “miembro de la mafia libanesa que actúa en la Costa del Sol pagando a la policía para que no investiguen demasiado”.

 

Policías implicados en el tráfico de drogas en Marbella

 

 

Al Yatim en la cárcel donde permaneció quince meses.

 

Cuando Samir Al-Yatim llegó a España el 2 de febrero de 1984, deportado de Gran Bretaña donde estuvo cinco años en prisión por tráfico de drogas, nunca pensó que su estancia en nuestro territorio iba a ser tan accidentada. Uno de sus “errores” fue comprar meses más tarde un chalet en la urbanización Marbesa de Marbella, cerca de una casa perteneciente al capitán de la Guardia Civil, Luis Ruiz Ruiz (ver el número 536 de “Interviu”).

 

Durante meses, Samir observó lo que ahora califica de “extraños movimientos desde la playa hasta la casa del capitán con policías y guardias civiles entrando y saliendo a cualquier hora del día y la noche y muchas veces transportando cosas desde la playa”. En esas fechas, el chalet de Samir –de origen libanés aunque su actual situación es la de apátrida- era el único habitado permanentemente en la urbanización y cualquier persona que fuera a la casa del capitán tanto desde la carretera principal como desde la playa podía ser observado perfectamente por él.

 

                                                                                                

 

Restaurante “Fernando”, cuyo dueño, Fernando Pérez, presentó al libanés a numerosos miembros de la Guardia Civil.

 

Interesado en fundar una compañía de seguridad en la zona, Samir Al-Yatim hace amistad con Fernando Pérez, ciudadano español dueño del “Restaurante Fernando” en la misma urbanización. Según el libanés, Fernando le presenta al guardia civil Mateos (ahora ascendido a cabo y destinado a Madrid) con quien proyecta negocios conjuntos en el campo de la seguridad.

 

El libanés afirma que en una ocasión, Fernando Pérez y el guardia civil Mateos, “me propusieron presentarme a un piloto colombiano para traer droga a la Costa, pero yo les contesté que sólo quería hacer negocios legales en España”.

 

En ese contexto un día Samir reconoce a un libanés saliendo de la casa del capitán Ruiz (que ahora ha sido suspendido de empleo y sueldo al ser relacionado con presuntas irregularidades en el trato y métodos utilizados para combatir el tráfico de drogas en la Costa). Se trata de Toni Kairoz, quien –siempre según la versión de Al-Yatim –“se puso muy nervioso cuando se dio cuenta de que yo le veía entrar y salir de esa casa”.

 

La cada vez mayor comunidad de libaneses en Marbella y la Costa del Sol está integrada por miembros que “prácticamente nos conocemos todos, sabemos a qué familia pertenecemos y a qué nos dedicamos” Samir sospecha que “algo raro se cuece en esa casa”.

 

 

Samir conoce a Pavecio

 

En la primavera de 1985 Samir conoce al subcomisario Pavecio de Torremolinos tras haber sufrido una detención de 24 horas. Pavecio, según explica el libanés, le habría informado que “tenemos sospechas de que eres un terrorista, la comunidad libanesa de aquí está muy asustada y dicen que has venido a matar a Jimmy Bohsani u otros árabes”.

 

Samirle desmiente esa información, añadiendo que él sólo quiere cooperar con la justicia española y conseguir un permiso permanente de residencia en nuestro país.

 

“Pavecio dijo que me ayudaría a conseguir los papeles y que se encargaría él de ir a Sevilla o Granada para agilizar los trámites”, afirma el libanés. Entre ambos empieza a consolidarse los inicios de una amistad y el subcomisario asiste incluso a una fiesta de cumpleaños de una hija de Samir. En mayo de 1985 Samir se reúne en Benalmádena con Pavecio actuando siempre de intérprete de Said, el secretario del primero. Como prueba de colaboración, el libanés narra al subcomisario las “cosas raras que ocurren en la casa de un capitán de la Guardia Civil que hay cerca de la mía”. Le da nombres de quienes asisten, incluido el libanés y Pavecio le contesta –según Samir-: “No te preocupes, ya sé lo que ocurre allí”.

 

Habría que señalar en este punto que el policía nacional, ahora encarcelado en Málaga, Manuel Herrera Pacheco, manifestaba en el pasado número de “Interviu” que “Pavecio es el jefe de una banda de policías y guardias civiles dedicados al tráfico de drogas (…) que utilizaba como escondite el chalet del capitán Luis Ruiz Ruiz en la urbanización Marbesa”.

 

A partir de esa reunión con el subcomisario de Torremolinos a Samir empiezan a sucederle cosas muy extrañas. En primer lugar, una noche –después de haber estado con Pavecio- Samir y su secretario sufren un espectacular accidente al salirse el coche de la carretera a la altura del faro de Fuengirola por rotura de dirección. Samir y su secretario Said salen con vida milagrosamente, aunque tienen que recibir doscientos puntos de sutura.

 

La mafia libanesa en Marbella

 

El 24 de mayo de 1985, “el guardia civil Mateos –explica Al Yatim- me invitó a una fiesta privada de la Guardia Civil en el restaurante de Fernando Pérez donde conocí a muchos miembros de dicho cuerpo y hablamos sobre el futuro de mi compañía de seguridad”. Al día siguiente es invitado por Mateos y Fernando Pérez, junto con otros guardias civiles, a practicar tiro en una colina frente a Marbella Club, pero Samir toma precauciones y acude tarde a la cita tras estudiar el área y descubrir que las armas que están utilizando no son deportivas. Al día siguiente, 26 de mayo, un marroquí es detenido en la playa de la urbanización Marbesa con doscientos kilos de hachís y declara en comisaría que la droga iba destinada a Samir Al-Yatim.

 

Este último es detenido y acusado de tráfico de drogas, pero el libanés asegura que “todo ha sido una encerrona, porque sabía demasiado y molestaba no sólo a la policía corrupta que trafica con drogas sino a miembros de la comunidad libanesa que están protegidos por esos policías”.

 

-¿Por qué podía molestar tanto?

 

-“Porque yo sabía demasiadas cosas. Primero lo del chalet del capitán de la Guardia civil. Después porque sospechaba que Pavecio estaba también de acuerdo con ellos, ya que no hacía nada para evitar esas irregularidades.

 

Lo de Pavecio lo he podido confirmar más tarde en prisión con otros reclusos, como el policía Manuel Herrera Pacheco que pertenecía a la banda y otros más”.

 

-¿Y qué tienen ellos que ver con la comunidad libanesa?

 

-“Hay muchos libaneses que me tienen miedo porque saben que pertenezco a la familia Al Yatim, una familia muy prestigiosa que, entre otras cosas, es una de las fuerzas principales de la guerrilla Amal de mi país. Me consta que algunos libaneses en la Costa del Sol actúan como una verdadera mafia y también me consta que Jimmy Bohsani filtró a Pavecio una información falsa diciendo que soy terrorista”.

 

 

-Cuando habla de “mafia libanesa”, ¿a quién se refiere?

 

-“Me refiero a que gente como Bohsani, el dueño del restaurante “Antonio” en Puerto Banús, Abderrahman Khouja (conocido como Habibi), Edouard Kahlifa, Elie Abaau Takka o Maurice Salem.

 

Todos viven como millonarios y nadie investiga de dónde sacan tanto dinero. Lo que ocurre, lo sé perfectamente porque entre la comunidad libanesa se sabe todo, que tienen a muchos policías corruptos que les pagan para no descubrir de dónde sale su dinero.

 

El propio Pavecio, por ejemplo, me han dicho que gestionaba permisos de residencia para ellos, por lo menos, el de Jimmy Bohsani”.

 

-Pero, ¿a cambio de qué?

 

-“A cambio de favores, todo tipo de favores, pero es imposible demostrar, por ejemplo, si traficaban con drogas o con armas con toda seguridad. Un dato claro es que Toni Kairoze, amigo de esos libaneses, frecuentaba mucho la casa del capitán de la Guardia Civil; conocía a José Burgos y al inspector Teófilo –relacionados ahora con el tráfico de drogas- y a nadie se le ha ocurrido investigar qué hacia ese libanés que es meramente un intermediario de esa mafia libanesa en la Costa del Sol”.

 

                                                                      

 

El subcomisario Pavecio durante una fiesta familiar con la hija de Samir Al Yatim, quien le acusa ahora de haberle “quitado de en medio metiéndome en la cárcel”.

 

Jimmy Bohsaniposee un restaurante, “Antonio”, en Puerto Banús y manifiesta públicamente que ese es su único ingreso. Llegó hace cuatro años a la Costa del Sol y posee una de las mansiones más lujosas de la zona en “Los Altos de Marbella”, dos Rolls Royce, un Lamborghini deportivo, dos apartamentos en Puerto Banús, una de las motoras rápidas más caras de la zona, una cuadra de caballos que compite en todos los grandes premios de carreras en España y, según dice en público, dos “suites” del hotel Ritz de Madrid reservadas todo el año pot las que abona dos millones de pesetas al mes.

 

 

Elie Abau Takka, por su parte ha sido relacionado en alguna ocasión con el tráfico de armas y, según fuentes policiales, ha estado vigilado por el Cesid en relación con dichas actividades.

 

Samir Al Yatimha permanecido quince meses en la prisión de Málaga y se encuentra ahora en libertad provisional con fianza de dos millones de pesetas. El libanés denunció estas irregularidades tanto al subcomisario Pavecio como al juez que instruye su caso muchos meses antes de que se conociera en la prensa la supuesta utilización de la casa del capitán de la Guardia Civil para almacenar droga.

 

Mientras estuvo en prisión, Pavecio le presentó a un abogado, Luis Riera Sorolla, que según Samir y otros reclusos (ver anterior número de “Interviu”) “actuaba de acuerdo con la mafia policial controlada por el subcomisario de Torremolinos con la intención de impedir que saliera a la luz todas las irregularidades”.

 

A finales del pasado año, con Samir ya en prisión, coincidiendo con las fechas declaradas por el policía Manuel Herrera Pacheco a “Interviu” –según las cuales esta supuesta banda policial capturaba alijos en las inmediaciones de la urbanización Marbesa-, desaparecieron misteriosamente los dos perros del chalet de Al Yatim, “que ladraban siempre que había movimientos extraños en la urbanización”, según la denuncia que el libanés presentó a la policía. También mientras estaba recluido, la esposa de Samir Al Yatim, Katerine E.Roger´s, recibió la “visita del guardia civil Mateos y Fernando Pérez” –según declaró la propia Katerine a “Interviu”- “en la que me pidieron dinero para sacar a Samir de la cárcel añadiendo que si no él se tiraría quince años en un penal por tráfico de drogas. Cuando le dije que no tenía dinero me propusieron que consiguiera cocaína para ellos a cambio de la libertad de mi marido, pero no les hice caso”.

 

Todas estas acusaciones de Samir Al Yatim, de su esposa y las publicadas por el policía nacional Manuel Herrera Pacheco (en las que se declaraba “miembro de la banda policial controlada por el subcomisario Pavecio”) en el pasado número de “Interviu” están ahora sobre el despacho del prestigioso abogado Darío Fernández, conocido por su participación en el “caso Almería”.

 

Tras las numerosas denuncias efectuadas en los meses pasado a través del abogado Luis Riera –presentado supuestamente por el subcomisario Pavecio a éstos- que no han sido utilizadas, Darío Fernández ha decidido –a petición de sus clientes- poner en mano de la justicia las posibles actuaciones delictivas de los miembros de las fuerzas de seguridad que compondría esta supuesta “mafia policial” que trafica con drogas.

 

Silencio oficial

 

El señor Pavecio no está”. Esta ha sido la respuesta obtenida durante dos semanas al preguntar en la comisaría de Torremolinos por el subcomisario Pavecio acusado presuntamente en irregularidades en torno al tráfico de drogas.

 

Posteriormente, a raíz de la publicación del pasado número, el comisario de Torremolinos, señor Cerdán, manifestó a “Interviu” que el subcomisario Pavecio no iba a realizar manifestación alguna y que “la postura oficial es que está de vacaciones. Oficialmente no podemos decir nada porque todo está bajo secreto sumarial”.

 

Durante la conversación con el comisario jefe, éste añadió que “me da la impresión, le estoy hablando en plan personalísimo, que es un montaje”, Presente durante la entrevista se encontraba un funcionario sin identificar quien, dando golpes en la mesa, dijo a nuestro reportero “Si usted lo ha publicado, ya responderá (…) Esto es una puñalada trapera, no tienen otro calificativo”.

 

A preguntas de “Interviu”, ni el ministerio del interior ni la dirección general de Policía quisieron hacer comentario alguno sobre el tema ni informar sobre la existencia o no de una investigación en torno al caso.

 

La punta del iceberg

 

Las acusaciones recogidas la semana pasada en “Interviu” por el policía nacional Manuel Herrera Pacheco desde la cárcel de Málaga han dado un giro radical a las acusaciones sobre presuntas irregularidades de una supuesta “mafia” policial en la Costa del Sol. A principios de julio, a raíz de las declaraciones de José Burgos Martínez al juez, recogidas inicialmente por el periódico de Madrid “Diario-16”, según las cuales la policía habría pagado con droga los chivatazos sobre alijos de droga, desembocaron en la suspensión de empleo y sueldo del inspector de Fuengirola, Teófilo Martín Cañete, por pagar  fianzas a presuntos delincuentes, y del capitán de la guardia civil Luis Ruiz Ruiz, por haber permitido –según José Burgos- la utilización de un chalet de su propiedad para almacenar droga.

 

Manuel Herrera Pachecofue mucho más lejos, al afirmar que él mismo pertenecía a esa supuesta banda policial “encabezada por el subcomisario Pavecio, cuya finalidad no es combatir a los traficantes sino capturar alijos y venderlos nosotros mismos”. Herrera estaría en la cárcel debido probablemente a diferencias entre los miembros de dicho grupo por la desaparición de un alijo, según su versión.

 

Esta semana, Samir Al Yatim confirma algunos puntos de estas aclaraciones y añade que fue encarcelado “por saber demasiado”. El libanés poseía un chalet junto al del capitán de la Guardia Civil y, según él, denunció hace casi dos años movimientos extraños de su vecino al subcomisario Pavecio. Asimismo amplia las supuestas relaciones de este grupo policial con una “mafia libanesa que controla Marbella”.

 

 

Manuel Herrera Pacheco dice ser miembro de “una banda policial capitaneada por el subcomisario Pavecio, de la comisaría de Torremolinos, compuesta por agentes de la Policía Nacional y de la Guardia Civil”.

 

Según Herrera, “la organización captura alijos, provoca la huida de traficantes y vende su propia mercancía.

 

Nosotros cobrábamos medio millón por trabajo y parte del botín que comercializábamos a través de nuestros propios camellos”.

 

Esta revelación, que incluye minuciosos detalles de sus miembros y actuación, coincide con las declaraciones de varios colaboradores de la supuesta “banda” –españoles y extranjeros- y un libanés que denunció estos hechos hace casi dos años. Todos ellos han sido entrevistados por dos reporteros de Interviu durante una exhaustiva investigación en la Costa del Sol.

 

 

                         Arriba a la izquierda, Marbesa, en Marbella, donde están la casa de Samir Al-Yatim y la del capitán de la Guardia Civil. Debajo de esta, la casa de Samir Al-Yatim, que se encuentra a unos 200 metros de la del capitán de la Guardia Civil Luis Ruiz Ruiz (foto derecha) donde se almacenaba la droga.

 

Manuel Herrera Pacheco, veintiséis años, miembro de la Policía Nacional adscrito a la CRG de Miranda de Ebro (cuya función es actuar como antidisturbios en Bilbao y San Sebastián), está detenido en la actualidad en la prisión de Málaga por dos delitos de robo y contra la salud pública. Según las declaraciones realizadas por Herrera a Interviu “existe una banda integrada por policías y guardias civiles que ha capturado más de tres mil kilos de hachís en diferentes puntos de la Costa del Sol. En ninguna ocasión hubo detenidos y siempre cobramos lo mismo, es decir, parte en dinero y parte en drogas que después vendíamos”. El propio Herrera Pacheco actuó en cuatro ocasiones, a finales de 1985, antes de ser detenido en lo que él califica “una encerrona del subcomisario Pavecio, de Torremolinos, para quitarme de en medio”. En sus manifestaciones a esta revista, el policía ha explicado la actuación y composición de esta “mafia policial que controla la droga a lo largo de la Costa del Sol”, según sus propias palabras.

 

La información ofrecida por Herrera Pacheco ha sido confirmada y ampliada por diferentes relatos, destacándose el de otro colaborador del grupo, el súbdito británico Bernard Reagan (detenido junto a otro presunto implicado, José Burgos) recluso en la actualidad en la prisión de Málaga, y un libanés –aunque su situación legal es la de apátrida-, Samir Al-Yatim, que ha permanecido  quince meses en prisión acusado de tráfico de drogas, pero que denunció estas operaciones anómalas de los miembros de seguridad hace casi dos años al propio subcomisario Pavecio y al juez que instruye su caso.

 

Manuel Herrera Pachecofue presentado al subcomisario Pavecio en 1985, a través del capitán de la Guardia Civil Luis Ruiz Ruiz, “a quien conocí en el país vasco”, afirma el policía nacional ahora detenido. Luis Ruiz Ruiz ha sido suspendido de empleo y sueldo a raíz de conocerse que su casa de Marbella podía haber servido para almacenar droga ilegalmente. Sabiendo que Herrera podría llegar a colaborar con la banda, el subcomisario le explica la situación y le ofrece trabajo: “Yo también estoy fuera de la ley, tengo mi dinero fuera para cuando me retire” –habría comentado Pavecio a Herrera, según este último-. ¿Cómo podría pagar la vida que llevo con mi sueldo? Lo hacemos con gente que son compañeros, policía y Guardia Civil, gente de confianza.”

 

Y así empezó al parecer, en otoño de 1985, la colaboración del policía ahora detenido con el subcomisario Pavecio.

 

Tras seis meses detenido en Málaga, apartado por los propios reclusos de la prisión al saber que es policía, Manuel Herrera Pacheco contestó con inusual claridad a las preguntas formuladas por dos reporteros de Interviu con la convicción de que su detención ha sido obra de la misma banda.

 

Pregunta: ¿Puede explicarme cómo funcionaba la organización?

 

Respuesta: Las operaciones empiezan por medio de confidentes. A los confidentes nosotros no los conocemos, los tienen ellos, sobre todo Pavecio, el subcomisario de Torremolinos. Cuando había un chivatazo, Teófilo o Pavecio me llamaban al País Vasco y me decían: “vente al día X”; me pagaban los gastos de avión ida y vuelta y la estancia; me decían la fecha y el lugar en la playa y allí iba yo con otros compañeros: dos guardias civiles de Marbella, Manolo y Pepe, y un policía nacional también de Marbella, Lucas. Nos pagaban en dinero y drogas: quinientas mil pesetas por trabajo y parte del alijo que cada uno de nosotros vendía después por su cuenta.

 

P. ¿Quién era el responsable del grupo?

 

R. Pavecio preparaba a este grupo de policías y guardias civiles, amigos y compañeros de él.

 

P. ¿Cómo eran las operaciones?

 

R. Había que capturar el alijo con el famoso “alto a la policía”. Entonces, esa gente, al oir el grito, huía despavorida, es decir, llegaban a la playa y los veíamos a través de unos prismáticos infrarrojos que nos proporcionaba la Guardia Civil, que es la única que los tiene. Son de un alcance de 200 metros efectivos y de madrugada puedes ver cualquier embarcación y controlar perfectamente el desembarco. Cuando se comprueba que han dejado todos los bultos en la playa, entonces se da el “alto a la policía”, y esa gente huye. Se intenta por todos los medios no coger a nadie, adrede, porque si se detiene a alguno hay que entregarlo con la mercancía. Esa es la única forma de hacerse con la carga, es decir, incautarla y llevarla a un lugar determinado.

 

P. ¿A dónde se llevaba la carga?

 

R. Cuando se coge la mercancía incautada hay que llevarla a algún chalet del que antes nos han dado las llaves.

 

Se deposita allí hasta que al otro día, o días más tarde, esa mercancía desaparece y se distribuye en participaciones. O sea, si este señor ha hecho este trabajo, se le paga con cuarenta o cincuenta kilos, dependiendo de la cantidad capturada. El resto de la mercancía se la queda Pavecio y compañía. Luego nosotros lo vendemos cada uno por nuestra cuenta.

 

P. ¿Cuántas veces ha participado personalmente?

 

R. En cuatro. En los meses de septiembre, octubre y noviembre de 1985. Tres veces lo llevamos el chalet del capitán de la Guardia Civil Luis Ruiz Ruiz, en la urbanización Marbesa, de Marbella; otra vez lo llevamos a un chalet frente a Fuengirola, en el cruce de la carretera de Mijas frente a la fábrica de Muebles Benítez, el tercer chalet de la derecha, que yo creo que es del inspector Teófilo Martín.

 

P. ¿Quiénes participaban en esta red?

 

R. El subcomisario Pavecio, el inspector, Teófilo Martín, los guardias civiles de Marbella que he nombrado, Manolo y Pepe, un policía nacional de Marbella, Lucas, un tal Juan, que creo  que es también Policía Nacional, pero de estos no sé los apellidos. Esos son los que conocí, pero también he oído que había otras ramificaciones en las que se hablaba de un capitán de la Policía Nacional de Algeciras y un teniente de la Guardia Civil de Manilva.

 

P. ¿Qué material se utilizaba en las operaciones?

 

R. Era material de la Guardia Civil, como prismáticos infrarrojos, linternas y en una ocasión chalecos antibalas.

 

P. ¿Y las armas?

 

R. Utilizábamos las nuestras reglamentarias, pero nunca hubo problemas. Las llevábamos por seguridad. Siempre salían corriendo y nos quedábamos con el material.

 

P. ¿Qué se hacía con la droga?

 

R. La droga, bueno, yo siempre hablo de hachís, la vendía a través de un amigo mío, Ángel Martínez Muñoz. Cuando me detuvieron, tenía escondido en un sitio unos cien kilos de hachís, que se habrán desecho con este calor y que en dinero supone unos 36 millones de pesetas. Esa mercancía era mi salvación, porque me metí en esto de la droga para dejar de dar palos en el País Vasco y montar un pub o un restaurante por mi cuenta.

 

P. El dinero de otras operaciones ¿cómo se lo gastaba sin que se dieran cuenta?

 

R. Bueno, la verdad es que lo ahorraba. Cuando me detuvieron me preguntaron por qué tenía dos millones de pesetas en el banco… eso que no saben que fuera, en Bayona, tengo catorce millones de pesetas en una cuenta.

 

P. ¿Por qué está detenido?

 

R. Yo no lo entiendo. Pavecio me dijo que vivía muy lejos, en el País Vasco, y que la organización no podía contar conmigo. A lo mejor es porque una vez, en una operación, depositamos, en noviembre de 1985, 490 kilos de hachís en el chalet del capitán Ruiz. Después vino Pavecio y dijo que alguien le había pegado una patada en la puerta y la mercancía había desaparecido. Se enfadaron conmigo y no me pagaron mi parte. No sé si será por eso, pero lo cierto es que un día fui a vender cinco kilos de hachís a un suizo en un camping, me estaban esperando, y luego lo cambiaron todo haciendo declarar al suizo que le había robado. El suizo ya se ha vuelto a su país y yo estoy encarcelado seis meses y sin fianza. Fue una encerrona de Pavecio, ahora lo sé, y no lo podía denunciar porque me implicaba yo mismo. Pero estoy harto. Dijeron que me iban a sacar pronto de la cárcel a través de un abogado, Luis Riera, pero lo que han hecho ha sido seguir con la encerrona. Ahora pienso explicarlo todo.

 

 

Un abogado controla los detenidos

 

“Las detenciones que hace Pavecio y estos jefes de la policía, que son una auténtica mafia, no son para combatir a los traficantes; lo que quieren es evitar competidores”, afirma también Manuel Herrera. Y en eso hay muchas otras personas que coinciden. El sistema que tenía montada esta presunta “mafia” era casi perfecto. Incluso después de enviar a prisión a detenidos por contrabando de drogas, normalmente pequeños camellos, la organización, sin que éstos lo supieran, ponía a su disposición un abogado, Luis Riera Sorolla, que trabajaba a la par con José Burgos, como intérprete y un inglés llamado David Shewring.

 

“Pavecio lo tiene muy bien montado con el abogado Riera” –sigue acusando Herrera- “éste se encarga de defender a los detenidos por drogas y les pregunta dónde tienen escondida la mercancía para que el subcomisario y su grupo se queden con ella. A mí este Riera, que se presentó sin conocerlo de nada, me dijo que no me preocupara, que me iba a sacar enseguida, y que “si tienes algo por ahí, algo de droga o dinero, no te preocupes, dámelo y lo pongo en lugar seguro”. Eso lo han hecho con varios reclusos”.

 

En efecto, también el libanés Samir Al-Yatim acusa a Pavecio de haberle presentado a Riera para defenderlo y no haber hecho nada, sobre todo en lo referente a las acusaciones de corrupción policial: “Pavecio me puso Riera, que venía a la prisión con José Burgos, para controlarme y que no se supiera lo que yo conocía de esa mafia policial corrupta”.

 

También otro recluso, Bernard Reagan, que colaboró varios años con este grupo, acusa a Riera. Reagan, que fue detenido junto con José Burgos, no ha podido salir de la cárcel y acusa también “a la mafia policial” de controlar a Riera.

 

“José Burgos me dio un kilo de cocaína” –explica Reagan- para que se lo guardara.

 

Estaba encima de una silla, no estaba escondido, y los guardias civiles lo sabían perfectamente. Cuando vinieron a mi casa yo pensé que era para recogerlo, pero me detuvieron. José Burgos me ha traicionado para salvar su pellejo, pero los guardias civiles estaban metidos en el ajo. De todas formas tengo mucho miedo y no quiero hablar demasiado”, explica el súbdito inglés Bernard Reagan, de 42 años, en declaraciones a Interviu efectuadas en la prisión de Málaga.

 

Tanto Manuel Herrera Pacheco, como Samir Al-Yatim, Bernard Reagan y otros dos reclusos holandeses acusados de tráfico de drogas, Harry Van Doesburg y René De Bruyan, confirmaron a este periodista haber demandado al abogado Luis Riera Sorolla al Colegio de Abogados por diferentes irregularidades. Para rizar el rizo, Samir Al-Yatim afirma que el subcomisario Pavecio fue a verle a prisión en una ocasión acompañado de José Burgos. Sin embargo, no consta en el registro de la prisión de Málaga a pesar de que cinco testigos han confirmado su presencia.

 

El director del centro penitenciario, Manuel Fernández, admitió conocer este extremo y estar seguro de que el subcomisario habría entrado en la prisión a pesar de no constar en el registro.

 

El director Manuel Fernández, que ofreció todo tipo de facilidades para la elaboración de este reportaje, añadió que “desde entonces se han extremado las medidas para controlar las visitas”.

 

Varias personas relacionadas con el tema, un policía, un súbdito inglés conocedor del gurpo y un libanés testigo “incómodo” de las actividades –así como varios reclusos afectados por las estafas del mismo abogado- acusan directamente de la existencia de una banda constituida por miembros de la policía y Guardia Civil que estaría encabezada según sus declaraciones por el subcomisario Pavecio, de Torremolinos. Todas sus versiones coinciden. Las autoridades policiales dicen haber iniciado una investigación, pero ninguna de estas personas ha sido requerida para facilitar información.

 

Escándalo en la prensa: la punta del iceberg

 

 

La detención del presunto traficante José Burgos Martínez puso al descubierto la implicación, según éste, de miembros de la Guardia Civil y Policía Nacional en “irregularidades” en el trato a confidentes para combatir el tráfico de drogas, aunque no se apuntó en ningún momento la versión que facilita ahora el policía Manuel Herrera según la cual “la verdadera finalidad de la banda era traficar ellos mismos y vender los alijos de droga”.

 

Fue el periódico madrileño “Diario-16” quien se hizo eco de las declaraciones de José Burgos al juez, señalando que los confidentes recibían un 20% de la droga confiscada gracias a sus chivatazos, además de un trato especial consistente en el suministro de licencia de armas, munición y documentos de identidad. José Burgos fue detenido cuando se almacenaba en el chalet del capitán de la Guardia Civil Luis Ruiz Ruiz 600 kilos de hachís. Posteriormente se comprobó que el subcomisario de Fuengirola, Teófilo Martín Cañete, había pagado la fianza de dos de los detenidos en dicha acción, la esposa de Burgos y José Hernández Castro, otro presunto implicado según dicha publicación. Debido a esta información, fue suspendido de empleo y sueldo el policía Teófilo Martín y el capitán de la Guardia Civil Luis Ruiz Ruiz. Este último y José Burgos presentaron una demanda contra el rotativo madrileño.

 

Al Yatim, el libanés sabía demasiado

 

 

Samir Al-Yatim, de 42 años, chiíta libanés perteneciente a una prestigiosa familia del grupo guerrillero AMAL, llegó a Marbella en febrero de 1984 deportado de Inglaterra donde permaneció los últimos cinco años encarcelado acusado de tráfico de heroína. Al llegar a Marbella cometió el “error” de comprar una casa en la urbanización Marbesa, descubriendo muy pronto “extraños movimientos” en la zona.

 

Debido a la situación de su chalet, entonces el único permanente habitado a lo largo del año, cualquier persona que entrara desde la carretera principal o desde la playa hasta la vivienda del capitán de la Guardia Civil Luis Ruiz Ruiz era visto por él. A lo largo de muchos meses observó el movimiento de guardias civiles y llegó a descubrir que la casa pertenecía a un capitán del mismo cuerpo. Incluso pudo comprobar la conexión con personas de su país de origen, Líbano, que le hizo infundir sospechas.

 

En mayo de 1985, Samir Al-Yatim conoce al subcomisario Pavecio, con quien entabla amistad, asistiendo incluso a alguna fiesta familiar, y el libanés pide que le ayude a conseguir el permiso de residencia en nuestro país. A cambio, manifestó Samir Al-Yatim a Interviu, “le ofrecí colaborar con la justicia como mediador en problemas árabes”. Además, Samir informa al subcomisario de Torremolinos sobre las actividades irregulares en la casa del capitán Ruiz Ruiz. “Ya lo sé todo, no te preocupes”, le habría contestado el subcomisario según la versión de Al-Yatim.

 

Lejos de tomar cartas en el asunto, Samir es víctima de un extraño accidente de coche: Tras una entrevista con Pavecio, se le rompe la dirección de su vehículo y se sale de la carretera. Vive casi de milagro aunque le tienen que coser la cabeza y el rostro con doscientos puntos de sutura. Meses más tarde, miembros de la Guardia Civil le invitan a practicar tiro en unas colinas detrás de Marbella. Por precaución, Samir acude tarde tras investigar el lugar y descubrir que la munición utilizada no es deportiva. Al día siguiente, sin embargo, es detenido en su casa y acusado de ser el receptor de un alijo de drogas encontrado en la playa.

 

Quince meses ha estado en prisión a pesar de haber denunciado estos hechos irregulares no sólo al subcomisario Pavecio, sino al juez, en fechas muy anteriores a que empezara a destaparse parte del escándalo. Su único delito –según Samir- ha sido “saber demasiado sobre la actuación de esa mafia policial que controla la Costa del Sol.

 

 

4

Dos policías protegían a Jimmy Bohsali

 

Un conocido ciudadano de Sierra Leona afincado en Marbella y relacionado con el tráfico de armas; el ex-comisario de esa misma ciudad y un inspector de policía que trabajaba bajo las órdenes del anterior, son los protagonistas de una historia en donde no faltan órdenes de busca y captura, denuncias por estafa y prevaricación y sumarios judiciales que permanecen olvidados, a la espera del juicio que no llega.

 

Los implicados son Nasir Bohsali, propietario hasta hace casi un año del conocido restaurante “Antonio”, de Puerto Banús; Carlos Cabrerizo Rica, comisario de Marbella hasta 1985 y Ventura Rodríguez Rodríguez, inspector adscrito a la comisaría de policía de la mencionada ciudad. Nasir Bohsali, más conocido por “Jimmy”, acusado de tráfico de armas por Samir Al-Yatim, chiíta libanés perteneciente a una prestigiosa familia del grupo guerrillero AMAL, -ver interviu número 537- tiene numerosas órdenes de busca y captura cursadas a la Interpol por diversos juzgados de distintos países, entre los que se encuentra España. Bohsali denunció a Ventura Rodríguez por supuesta estafa. El comisario Carlos Cabrerizo, jefe de Ventura Rodríguez, incumplió la orden proveniente del Ministerio de Interior, según la cual debía detener a “Jimmy” Bohsali y, al no hacerlo, incurrió en un posible delito de prevaricación. Esta denuncia fue enviada por la dirección general de la Policía al Juzgado de Instrucción número 1 de Marbella, para que lo incluyera en el sumario que se había abierto en 1984 por el procesamiento a Ventura Rodríguez, por la denuncia de Bohsali.

 

El juicio que no llega

 

El sumario contra el inspector Rodríguez permanece aún abierto y, por tanto, el juicio todavía no se ha celebrado. Se da la circunstancia de que, según la legislación vigente, este tipo de delito del que se acusa al inspector de policía prescribe a los cinco años, es decir, el próximo 23 de mayo.

 

Los hechos se desarrollaron a raíz de la llegada en 1983 de Bohsali a Málaga. Nacido el diez de octubre de 1938 en Freetown, capital de Sierra Leona, pequeña república de la costa occidental de África, “Jimmy” Bohsali llegó a Marbella son oficio ni beneficio. Tan sólo se sabía que poseía mucho dinero, a juzgar por los signos de riqueza de los que hacía gala, y que había vivido en Líbano. Pero además de Líbano, Bohsali también había residido en otros países, de los que había tenido que salir huyendo (incluido España y más concretamente la isla de Tenerife) por tener asuntos pendientes con la Justicia. Según un telegrama cursado el 7 de agosto de 1984 por la Dirección de la Seguridad del Estado al Juzgado de Instrucción número 1 de Marbella, y que obra en poder de Interviu, la lista de delitos cometidos por “Jimmy” Bohsali, es amplia y dilatada. Desde 1961 a 1965 Bohsali cometió estafas consistentes especialmente en emisiones de cheques sin fondos en Alemania, Suiza, Australia, Países Bajos y Gran Bretaña. En 1972 fue condenado en Lausana (Suiza) a quince meses de reclusión por emisión de cheques sin fondos. A finales del mismo año fue condenado en Australia a dieciocho meses de prisión por estafa. En 1975 fue condenado en Gran Bretaña a dos años de prisión por el mismo delito. Bohsali no ha cumplido ninguna de estas condenas. En un posterior telegrama remitido en 1985 por la misma Dirección General de Seguridad del Estado al Juzgado de Instrucción número 1 de Marbella se le busca en nuestro país para que cumpla la pena que le fue impuesta en Lausana en 1972.

 

En 1984, Bohsali compró el restaurante “Antonio”, de Puerto Banús, al hasta entonces propietario Antonio Márquez, desembolsando cerca de cien millones de pesetas. Con la compra del mencionado restaurante y aduciendo que ese es su único ingreso, Bohsali no tuvo reparo alguno en mostrar plenamente sus signos externos de riqueza: se hizo construir una de las mansiones más lujosas en la urbanización “Los Altos Reales”, de Marbella.

 

Compró también dos apartamentos en Puerto Banús. Mostró en público sus dos Rolls Royce y un Lamborghini deportivo, así como una de las motoras rápidas más caras de la zona. Posteriormente, adquirió una cuadra de caballos que compiten en todos los grandes premios que se celebran en España, y durante años no ha tenido ningún reparo en manifestar públicamente que tenía reservadas para todo el año dos “suites” del hotel Ritz de Madrid, por las que abonaba dos millones de pesetas al mes –manifestaciones recogidas en el número 537 de interviu-. En la actualidad, Bohsali ya no posee el restaurante “Antonio”. Tuvo que venderlo por las numerosas deudas contraídas, hasta tal punto que poco antes de su venta se iba a hacer cargo de la caja del mismo un administrador fiscal para asegurar el pago a proveedores y empleados.

 

De la mano de Bohsali el restaurante alcanzó gran fama.

 

                                                                      

 

A la izquierda,el inspector Ventura Rodríguez; a su derecha, el ex-comisario de policía de Marbella, Carlos Cabrerizo.

 

Parte de la clientela fija la formaban acaudalados personajes, como Toni Kairoze cuya amistad con el capitán de la Guardia Civil, Luis Ruiz Ruiz, detenido en 1986 por encontrársele una importante cantidad de hachís en su chalet, fue denunciada en esta revista por Samir Al-Yatim (ver interviu número 537). También era asiduo al local el subcomisario Pavecio, acusado en interviu (ver número 536) por el policía nacional Manuel Herrera Pacheco, de capitanear una banda que controlaba el tráfico de drogas en la Costa del Sol. Pero el más conocido cliente del restaurante “Antonio”, era el reputado traficante de armas Adnan Kasoghi. El magnate, nada más atracar en Puerto Banús el barco que hasta hace poco era suyo, el Nabila, se dirigía al restaurante de su amigo Bohsali para reponer fuerzas. También eran habituales de “Antonio” el comisario Cabrerizo, el inspector Rodríguez y un policía nacional apellidado Alcántara, quien fue suspendido de empleo y sueldo durante algún tiempo por aceptar dinero de Bohsali. En la actualidad, y una vez cumplida la sanción, Alcántara ejerce nuevamente su cargo de policía nacional en Marbella.

 

Pero las relaciones del comisario Cabrerizo y del inspector Rodríguez con “Jimmy” Bohsali no salieron a la luz pública hasta el cuatro de mayo de 1984, fecha en la que llegó a la comisaría de Marbella una orden de busca y captura contra el súbdito de Sierra Leona. La orden emitida por el Juzgado de Instrucción de Orotava, en Tenerife, y también por el Juzgado de Instrucción de Granadilla de Abona, en la misma isla canaria, hacía referencia a unas diligencias previas y a un sumario abierto en 1974 y a tres órdenes de busca y captura cursadas por el segundo juzgado por estafa, hurto juzgado por estafa, hurto malversación de caudales.

 

Por esas mismas fechas se estaba preparando en la ciudad marbellí la Semana de Confraternización entre los cuerpos y Fuerzas de Seguridad y el pueblo de Marbella, que se celebró del siete al trece de mayo de 1984. Precisamente el organizador de las mismas fue el entonces comisario de Marbella, Carlos Cabrerizo. Este, en su calidad de presidente de la Comisión Ejecutiva de la Junta de Seguridad Local, se encargó de recaudar fondos para la realización de la mencionada semana, así como de organizar comidas gratuitas en los mejores restaurantes de la zona, habitaciones sin coste alguno para los asistentes y billetes de avión.

 

A la mencionada semana asistieron Rafael del Río, Director General de la Policía; Txiqui Benegas; Félix Alcalá Galiano, General de la Policía Nacional; Alejandro de la Mata, General de Guardia Civil; Plácido Conde, Gobernador Civil de la provincia y, naturalmente, el alcalde de Marbella, José Luis Rodríguez. Pero lo que tal vez desconocían los entonces máximos responsables de la seguridad de nuestro país, es que esa Semana de Confraternización estuvo financiada en su práctica totalidad por personas dedicadas a la especulación inmobiliaria y el tráfico de armas. Entre ellos figuraban Adnan Kasoghi, implicado en el Irán-Gate; Elia Awad, del que el CESID posee un largo dossier por traficar con armas; Elie Faouzi Aboutaka, diplomático de Sierra Leona y del que el Ministerio de Asuntos Exteriores niega que lo sea y “Jimmy” Bohsali. Este, según las declaraciones que Carlos Cabrerizo hizo en su día al magistrado Alcalá Navarro, entregó un talón, a mediados de abril, de cincuenta mil pesetas, y ofreció varias comidas gratuitas en su restaurante “Antonio” a los participantes de la mencionada semana.

 

 

 

A la izquierda, el magistrado juez Antonio Alcalá Navarro, del juzgado de Marbella y a su derecha Samir Al-Yatim.

 

Como fuera que la orden de busca y captura proveniente de Tenerife llegó a Marbella poco después de que Bohsali hubiera entregado su desinteresada aportación económica para la celebración de la mencionada semana, Cabrerizo y Rodríguez, lejos de detenerle, le indicaron que desapareciese durante un tiempo de Marbella.

 

Al  mismo tiempo le recomendaron un abogado para que le solucionase los asuntos que tenía pendientes en los juzgados de Tenerife. En la declaración prestada por Carlos Cabrerizo –y que así consta en el sumario que obra en poder de interviu-, ante el magistrado Alcalá Navarro y a la pregunta de este “Para que manifieste cómo si el día cuatro de mayo se conoce la situación personal de Bohsali y a pesar de ello se admite la cena y el aporte económico que éste hace para la celebración de la semana que se alude”, Cabrerizo respondió “Que no se tiene la certeza de la personalidad de este hombre –Bohsali- hasta el día once de mayo. Por otra parte aún en la duda, de si el tal ´Jimmy´ Bohsali era la persona reclamada, el hecho de suspender la cena programada y devolverle la aportación económica hecha, hubiera supuesto, sin duda, un gran escándalo en Marbella que hubiera sido contraproducente para el buen éxito de la semana programada”.

 

Así pues Bohsali, cumpliendo la recomendación hecha por los dos funcionarios, viajó a Sevilla, alojándose en el hotel Los Lebreros, lugar en donde fue detenido por la policía de aquella ciudad a mediados de mayo de 1984. Durante el interrogatorio al que es sometido, Bohsali declaró la relación que mantenía tanto con Cabrerizo como con Rodríguez, así como el aviso que éstos le dieron para que huyese de Marbella. Estando detenido Bohsali en Sevilla, una llamada telefónica desde Tenerife confirmó el sobreseimiento de las causas que contra el súbdito de Sierra Leona se seguían en la isla canaria.

 

“Jimmy” Bohsali fue puesto en libertad. Una vez en Marbella, Bohsali puso una denuncia por estafa contra Ventura Rodríguez, por entender que le había estafado el dinero que entregó para solucionar sus problemas tinerfeños. Por esta denuncia, el 23 de mayo de 1984 se abrió el sumario 23/84, en el Juzgado de Instrucción número 1 de Marbella, por el que se inició un proceso contra en mencionado inspector de policía.

 

Como consecuencia de las declaraciones que prestó Ventura Rodríguez al juez de Marbella que instruye el sumario, la Dirección General de la Policía envió en 26 de febrero de 1985, un escrito con número de identificación 02509, al presidente de la Audiencia Provincial de Málaga. En el mencionado escrito se dice “Como quiera que el Sr. Rodríguez Rodríguez manifestó que su inhibición en la detención del Sr. Bohsali, fue como consecuencia de órdenes recibidas del Ilmo. Sr. Comisario Jefe de la dependencia D. Carlos Cabrerizo Rica, quien en su declaración confirma tal aserto. Lo que podría constituir un posible delito de prevaricación, a tenor de lo establecido en el Articulo 232 del Reglamento Orgánico de la Policía Gubernativa de 17 de julio de 1975, se remite a V.E. las actuaciones practicadas con el testimonio de particulares obrante en las mismas por si se estimara pertinente su remisión al Ministerio Fiscal. Firmado, el Director General de la Policía”, que en esas fechas era Rafael del Río. El escrito fue remitido posteriormente por el presidente de la Audiencia de Málaga, con fecha siete de marzo de ese mismo año, al juzgado de Marbella, finalizando con la siguiente frase: “por si las actuaciones pudiesen constituir un delito de prevaricación del Ilmo. Sr. Don Carlos Cabrerizo Rica, y se proceda a las prácticas de cuantas actuaciones sean necesarias para el esclarecimiento de los hechos denunciados”.

 

La depuración por parte del Ministerio de Interior a sus dos subordinados no tardó en llegar. El comisario, Carlos Cabrerizo, fue trasladado a Puertollano y posteriormente pasó a ocupar el cargo de Comisario Jefe Provincial en Ciudad Real, donde permanece en la actualidad. Por lo que respecta al inspector Ventura Rodríguez fue suspendido de empleo y sueldo durante un año. Posteriormente se le reintegró la totalidad del dinero retenido durante el tiempo de sanción.

 

En la actualidad, permanece en la comisaría de Marbella desempeñando el mismo cargo que ocupara en el momento de los hechos. En cuanto al sumario que se abrió a los dos funcionarios por el titular del Juagado de Instrucción número 1 de Marbella, Antonio Alcalá Navarro, tan sólo se conoce que no ha sido sobreseído pero una simple suma revela que el 24 de mayo de este año se cumplirán cinco años del presunto delito de prevaricación que se les imputa a los dos policía y que, por tanto, prescribirá en esa fecha.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

© 2011 All rights reserved. The legal owner of the site is Samir Al Yatim.